Saturday, March 6, 2010

Fragmentado

This post will be translated into English soon.

Esta entrada será traducida al inglés pronto.

“¿Cómo se recoge los hilos de una vida antigua? ¿Cómo sigues adelante cuando en tu corazón comienzas a entender que no hay volver?  Hay algunas cosas que el tiempo no puede remendar…”

-Frodo en la adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey

Mi paso se aceleró después de haber salido de la puerta de desembarque.  La emoción comenzó a inundarme mientras que esperé con gran anticipación ver las caras de mi familia.  Un sentimiento gozoso me sobrecogió y levanté mis brazos en el aire, señalando el triunfo sobre el viaje arduo a mi tierra.  Pronto llegué a los brazos de mi papa, mamá, abuela y dos hermanos, rostros olvidados encontrados nuevamente.  Sin embargo, fui dicho que no se podía reconocerme a mi, que yo había cambiado tanto.  Pronto experimenté la misma sensación con mi mismo.

Este primer párrafo que pinté para Uds. era lo que sentí después de que el avión se aterrizó, pero yo todavía no he regresado.  Cuando una persona va de vacaciones o un viaje misionero plazo corto, el tiempo y perspectiva usualmente están definidos y el traslado de ambientes está menos cincelado.  Yo establecí una vida en Perú, y cuando me fui no dejé solamente algunos recuerdos o rastros, sino una parte de mi mismo.  Yo tenía definición y propósito en mi actividad diaria, tenía una familia que incluía acerca de 50 niños preciosos, tenía amistades profundas y me sentía más cómodo con el castellano como mi idioma.  Ocho meses, y en un abrir y cerrar de ojos, se esfumó todo.

La cosa irónica es que esta vida, mi vida antigua, hace una semana parecía un sueño.  Sin embargo, mientras que estoy sentado escribiendo esta entrada, en una casa en el noreste de los Estados Unidos en el invierno, los instantes de despertarme en el noroeste de Perú en el verano se ven como si a través de una neblina o la niebla.

¿Y cómo se cabe una pieza que no más entabla facilmente en su rompecabezas?  Los primeros días de vuelto eran bien difíciles.  Reta tus paradigmas cuando un almuerzo éstandar en Nueva York podría ser más que trés días de comida de donde estábas.  O un viaje en el subterráneo, repleto de personas, muchas con sus iPods, es más silencio y en insensible que nunca.  Y claro, quieres decirles a todos tus amigos tu experiencia tal como era, pero faltan las palabras cuando tú ni siquiera ha vuelto, y el intento de decírselo a todos en un día te deja agotado.

Ahora sí estoy acostumbrándome más, pero yo sé que nunca seré igual; nunca completamente regresaré.  Y debe ser así.  Una experiencia como la mía te cicatriza y te cambia.  Como en “Desaparecidos” cuando Jack regresa de la isla o Frodo cuando vuelve de su viaje de destruir el anillo, jamás las cosas serán como eran.

Como comencé con una historia, voy a terminar con una también.  La noche en la que me fui del albergue, y fui a todas las casitas, despidiéndome de todos los niños.  Me tocaron Las Chispas por último, y me turné dándoles a todas las chicas un abrazo.  Pero Isabel se quedó a la mesa, sin mostar mucha emoción.  Yo le dije, “Isabel, tú me debes algo,” refiriéndome al abrazo.  Ella se paró y me abrazó, y se quedó allí.  No se movió de entre mis brazos por cinco minutos, llorando.  Esas lágrimas todavía están conmigo.

[Via http://theyestermorrow.wordpress.com]

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